Entre gitanos
“Perro no come perro” Vox populi
En el medio periodístico existen códigos no escritos que abarcan solidaridad, complicidades e, incluso, silencio. Entre periodistas y comunicadores existe la frase de “perro no come perro”, en la que subyacen entre otras cosas: distancia, respeto y hasta indiferencia.
Y es que, a partir de la discusión generada entre la revista Proceso y Televisa, por la utilización de las declaraciones de testigos protegidos o colaboradores, como es el caso de Sergio Villareal, alias El Grande, quien ha señalado al periodista Ricardo Ravelo de haber recibido dinero ilegal en el ejercicio de su actividad periodística, la discusión gira en varias vertientes desde mi perspectiva: la política editorial, el manejo político de las investigaciones judiciales y la honorabilidad de los comunicadores.
En primera instancia, ante el curso vertiginoso de la información, muchos medios de comunicación han venido perdiendo el rigor en el manejo de la información.
En la actualidad hasta Twitter, Facebook y otras redes sociales se han convertido en fuentes de información y muchos han caído en la tentación de informar o desinformar a través de esos medios sin verificar la fuente. Ya algunos comunicadores e, incluso, el Presidente de la República, han dado como ciertas informaciones ahí publicadas que, al final, resultan falsas. Es ahí donde la política editorial se ha debilitado. Bien dicen que es preferible perder una noticia que ganar un rumor. El rigor ha perdido vigor.
En este sentido, la atracción de dar como verdaderas las declaraciones de esos testigos protegidos o colaboradores que por un buen acuerdo con la autoridad pueden embarrar a cualquiera, sin pudor alguno, ha trastocado el uso de la información. ¿Qué valor jurídico, moral o ético tienen los dichos de una persona que se encuentra tras las rejas y que está señalado por ser narcotraficante? ¿Quién decide ese valor?
El caso del michoacanazo podría ser paradigmático. Las acusaciones en contra de funcionarios públicos por presuntamente mantener relaciones peligrosas con la delincuencia organizada resultaron débiles y poco consistentes. Los señalamientos fueron hechos por testigos colaboradores y de ahí se construyó un caso jurídico, que está a punto de irse al cesto de la basura. La mayoría de los acusados está en libertad.
Ya en varias ocasiones ha sucedido lo mismo: un testigo colaborador acusa, se construye un caso y, al final, a la basura. Lo peor es que, en el ínter, ya se destruyeron reputaciones, se violentaron los derechos fundamentales de los acusados y, al acabar, ni siquiera una disculpa. Así pues, se ha pervertido el uso de esa figura jurídica en aras de la ganancia política.
Y ése es el punto central que han omitido los medios confrontados, ya sea por interés comercial o por interés político.
Por ello, resulta fácil que en los hechos un delincuente como El Grande acuse al periodista Ravelo de recibir dinero sucio siendo que su única defensa es precisamente su palabra, salvo que exista de por medio una prueba fehaciente, contundente que, además, puede ser fabricada. En otro momento, periodistas y comunicadores podrían ser señalados por estar involucrados en el narcotráfico. Ése es el riesgo.
Cuando se habla de que perro no come perro es porque todos los caninos tienen cola, unos más larga, otros más corta, pero todos tienen. No hay santos, ni santones, pero sí santurrones.
Por ello sorprendió a muchos aquella fotografía de Julio Scherer con Ismael El Mayo Zambada. ¿Qué hay detrás? Sólo Scherer y El Mayo lo saben.
Hay perversiones económicas, ideológicas y morales, y nadie, por supuesto, se da a sorpresa. No hay ilusos, hay ilusiones.
Tal vez algún santurrón quiera tirar la primera piedra. La piedra angular de un periodista es su ideología, quien la pervierte o la otorga al mejor postor, debilita su credibilidad y confiabilidad.
Así pues, el debate se encuentra viciado de origen. Ni la declaración de los testigos protegidos garantiza un debido proceso ni un sustento jurídico efectivo, ni los señalamientos entre medios y periodistas abona en favor de construir una opinión pública madura, crítica y participativa.
Ese falso debate se ha traducido en un choque de intereses como efecto colateral de una política gubernamental centrada y sustentada en un aparato policíaco-militar que ha postergado lo esencial: la educación y el empleo. En tiempos revueltos ganan los pescadores, pero los hay también con aviesos intereses. ¿Quién dice yo… quién va a tirar la primera piedra?
De la libreta 1.Carlos Salinas está de regreso. ¿Para bien o para mal? Hagan sus apuestas.
2.Alejandro Encinas ya fue candidato al Gobierno del Estado de México. Compitió contra su compadre Emilio Chuayffet y perdió.
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