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Adolfo Orive Coordinador GPPT-ALDF
Otro modelo económico es posible
El mundo está siendo testigo que se puede atemperar la desigualdad económica propiciada por el modelo neoliberal con las medidas que a dos meses y medio de iniciar su mandato ha aplicado en Francia el presidente François Hollande.
Al erigir al Estado como la instancia suprema que dicta la política económica en su país introduciendo regulaciones a favor de la mayoría, del 99 por ciento de la población, se demuestra que existen salidas al neoliberalismo que economistas de renombre, incluidos dos premios Nobel, han calificado como caduco, obsoleto y que no ofrece alternativas más que para el “uno por ciento”.
Entre las medidas adoptadas por el mandatario francés destacan: eliminar los beneficios fiscales para quienes concentran porcentajes importantes de la riqueza, que permitirá recaudar dos mil 300 millones de euros; incremento de impuestos en 45 por ciento a quienes registren ingresos superiores a los 150 mil euros y 75 por ciento a quienes ingresen más de un millón de euros al año; tasa de 3 por ciento de penalización a las empresas que especulen sin invertir; incremento del 0.1 al 0.2 por ciento al impuesto a transacciones financieras.
Durante su campaña prometió que ninguna empresa cerraría en tanto existieran trabajadores dispuestos a rescatarla. Mediante una ley el empleador tiene que agotar todas las posibilidades para no despedir a su planta laboral. El ejemplo lo encontramos durante la última semana en la cual intenta evitar el despido masivo de ocho mil obreros de la firma automotriz Peugeot-Citroën. Además, tiene planeado crear un banco público de inversión.
Desde el día uno, redujo gastos innecesarios en labores cotidianas del gobierno, por ejemplo, la compra de autos. Con medidas estratégicas y hechos contundentes busca dignificar una labor que durante años ha sido sinónimo de enriquecimiento a costa del sacrificio de millones.
Lo anterior ha sido posible porque Hollande ha dejado de actuar bajo la lógica neoliberal que concentra la riqueza y el desarrollo económico está encaminado a incrementar el ingreso real de los trabajadores.
En contraste, la visión y forma de trabajar impuesta en México los últimos 30 años perpetua las condiciones de miseria y sólo potencia el beneficio de muy pocos. Por ello es preocupante que en el centro de la discusión nacional no se encuentre el desarrollo de un modelo económico propio.
Subrayo preocupante porque desde que supeditamos nuestra economía a la estadunidense, los sectores de menores ingresos no pueden crecer y cada vez son más. A los considerados líderes de opinión, por complicidad o falta de información, parece no importarles que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda tener claro qué implica la política económica actual y mucho menos plantean la necesidad de un cambio de raíz a la misma.
Hay salidas al neoliberalismo si –tomando únicamente como referencia gobiernos como el
francés— se coloca al Estado una vez más como eje rector del desarrollo, si nos enfocamos en el crecimiento interno y dejamos el fundamentalismo de mercado que orienta todas las decisiones económicas: inflación, tipo de cambio y déficit fiscal.
Esperanzador y aleccionador resultó que el pueblo francés identificara en la opción de corte social la posibilidad de modificar su realidad y ejercer el poder que provee la democracia liberal sustentada en un sistema competitivo de partidos para reorientar la construcción de la nación que quiere la mayoría, no la que se impone y se delibera en unas cuantas oficinas.
En el futuro inmediato es deseable que pensemos en condiciones endógenas de crecimiento, en adecuarnos a los tiempos actuales. Retomo las palabras del doctor Rolando Cordera: “Si la globalización va a continuar, lo que el país debe proponerse es nacionalizar la globalización; generar capacidades nacionales humanas e intelectuales y, desde luego, de fábricas, de infraestructura, que nos permitan aprovechar las ganancias de estar en el mundo”. La salida se construye, jamás llegará por sí misma.
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