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Dip. Adolfo Orive Coordinador Parlamentario del Partido del Trabajo ALDF
Consejo Económico y Social: clave para reactivar economía
En abril de 2010 sesionó por primera vez el Consejo Económico y Social de la Ciudad de México. Este organismo empezó a funcionar en enero de ese año, luego de la iniciativa promovida por un servidor y aprobada por el Pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en el primer periodo ordinario de sesiones del primer año de funciones de la V Legislatura.
El Consejo se creó en abril del 2009 a instancias del Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, para enfrentar la epidemia por influenza H1N1 entre la población capitalina.
Meses más tarde, con tal antecedente y forma de trabajo, y en tanto el organismo no se disolvió, me pareció oportuno aprovecharlo para reactivar la economía, pues en términos reales la falta de empleo es una de las emergencias más importantes que actualmente enfrenta el país, no sólo la Ciudad de México.
La ley que promulgó la Asamblea establece que el Consejo formule la estrategia de desarrollo económico y social de la Ciudad para el corto, mediano y largo plazo mediante la participación y acuerdos conjuntos entre empresarios, cooperativistas, trabajadores, legisladores y funcionarios de varias dependencias, asesorados por académicos e investigadores, con el objetivo de apoyar a los emprendedores de manera coordinada y sectorial a fin de reindustrializar la ciudad con empresas de tecnología limpia y servicios.
En momentos donde la única certidumbre es la incertidumbre, es necesario pensar, analizar, discutir y decidir planes de prospectiva que transformen la actual estructura productiva de bienes y servicios en el Distrito Federal –me parece que lo mismo aplica para el país—, elevando las capacidades tecnológicas y organizacionales que la soportan. Brindar certeza a los empresarios a partir de una visión a tres, cinco y diez años, induciéndolos a tomar decisiones de inversión que les permitan crear mercados.
Un factor clave es la reducción de la brecha tecnológica. Debemos terminar con esos vacíos que nos separan de las industrias de punta a nivel internacional. El problema es que llevamos demasiado tiempo dirigiendo nuestra atención en lograr una competitividad moderna basada en alcanzar costos y precios “correctos”, sin dedicar ese mismo tiempo a cerrar dicha brecha.
Para traspasar lo más pronto posible la frontera que nos separa de ciudades con economías más avanzadas, es imperativo transformar la estructura productiva, tanto en su organización como en materia tecnológica a fin de hacerla competitiva. Detonar el crecimiento de la productividad del mayor
número posible de empresas implica asignar de manera focalizada la inversión; es a lo que llamo sectorial.
Esa nueva política industrial promoverá procesos de ingeniería institucional que permitan la transformación de los propios agentes económicos, los mecanismos de mercado y las reglas bajo las que operan.
En todas las economías emergentes, las medidas macroeconómicas no han sido suficientes para lograr el crecimiento de la productividad y con ello, de la economía. Por ello, se propone una política dirigida a apoyar industrias particulares y a las empresas que las integran.
Necesitamos adecuar la planta industrial de la Ciudad de México, pues la revolución tecnológica en materia de productos y procesos productivos avanza aceleradamente. Lo anterior obliga a los sectores económicos a trasladar, periódicamente, recursos hacia actividades cuyas tecnologías, formas de organización y productos tengan mayor potencial de crecimiento y productividad.
La intención es derruir la lógica económica que ha entorpecido el desarrollo de la capital, la cual insiste más en costos y precios “correctos” que en transformación de la tecnología para incrementar la productividad.
Queremos potenciar la generación de empresas y cooperativas, introduciéndoles al mundo de la creación y administración estratégicas de recursos basados en conocimientos, demostrar que la gestión correcta y el sostenido aprendizaje son posibles.
Lo anterior, hemos de conseguirlo con la colaboración estrecha de los Institutos de investigación que participan en el Consejo.
Pretendemos que este organismo sea instancia constructora de credibilidad y confianza. Puente catalizador entre empresas, cooperativas, trabajadores, órganos de gobierno y centros de investigación. Coordinador de ideas, intereses, esfuerzos y decisiones para consensuar las estrategias que eleven las capacidades tecnológicas y organizacionales de la estructura económica de la Capital. Implica conjugar iniciativas, más que simplemente agregar iniciativas individuales dispersas.
Nuestro reto es consolidar una institución capaz de impulsar, consensuadamente, la política industrial generadora de desarrollo económico que permita elevar las capacidades tecnológicas y organizaciones de las unidades de producción en la Ciudad de México, y lo mismo podría aplicarse a nivel nacional en caso de que la izquierda consiguiera el triunfo en la próxima elección.
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