Otras Historias
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Las palabras desaparecidas |
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Las palabras desaparecidas
En México son muchas las palabras que han prácticamente desaparecido del lenguaje debido a la imposición de términos que tratan de ocultar la realidad. Por el momento, una palabra prohibida es candidato, en un legalismo absurdo los periodistas llaman a Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andres Manuel López Obrador pre candidatos, cuando todo mundo sabe que son candidatos.
En las trampas del lenguaje político caen incluso, o principalmente, los periodistas, que son incapaces de decir candidatos. Y esa es una herencia de los años de gobiernos autoritarios del Partido Revolucionario Institucional, que dejó en desuso la palabra devaluación y la sustituyó por ajuste o desliz. Los reporteros fieles a la fuente comenzaron a emplear la terminología oficial, que pronto hizo parecer que el peso no se devalúa, sino que se ajusta o desliza.
En escena podemos ver que las estadísticas indican que México es un país que envejece, pero las autoridades impusieron un veto a la palabra viejo, la convirtieron en mal referente, como sino fuera natural envejecer. La cambiaron adultos mayores o gente dela tercera edad. En la barbaridad también proscribieron anciano, que ya casi nadie emplea, junto con viejo, políticamente mal vista.
Y socialmente las cosas no son diferentes, los mexicanos no cagan, hacen popo, no orinan hacen pipi, las mujeres no tienen pechos, tienen bubis, ni tienen nalgas, sino pompis. Los mexicanos de habla políticamente correcta han convertido palabras propias en malas palabras, poco menos que groserías, quizá por una ignorancia que raya en la tontería.
Incluso las organizaciones sociales caen en la trampa y han desplazado palabras como prostituta o puta por sexo servidoras. Antes cuando menos había cierto aire poético cuando a las mujeres dedicas a la prostitución se les llamaba damas de la noche, damas de tacón dorado o mujeres galantes.
Los políticos tratan de ocultar realidades con la suplantación de palabras, las buenas conciencias imponen una censura a lo que creen malo y las ONGS y coas de esas por pura demencia lingüística.
Ahora que se da una apertura en el lenguaje, que los diarios, radio y televisión dan rienda suelta a expresiones de “malas palabras” cuando describen un hecho, sería bueno recordar y decirlo con su nombre que en México hay devaluaciones, que es un país que se llena de viejos, en las que miles de mujeres y hombres viven de la prostitución, y que mear, cagar, pechos, nalgas y demás son palabras que deberían ser de uso natural. Y que nadie olvide que al pronunciarlas no la caga.
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La amenaza de Cuasimodo en el DF |
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La amenaza de Cuasimodo en el DF
A la ciudad de México la han tacado incontables plagas, algunas espectaculares como la epidemia de influenza H1N1. Una que recorre actualmente por los vagones del Metro y Metrobus, lo mismo que peseros y camiones de pasajeros es la de los cuasimodos, una especie híbrida producto de la modernidad y la desconsideración social.
Nada tienen que ver con Cuasimodo el Jorobado de Notre Dame, aquel que recata a la doncella en peligro; en el transporte público sus nuevas versiones son un peligro. Amenaza para viejos y niños, no tienen contemplación con las mujeres y, normalmente, les importa muy poco a quien molestan o lastiman.
La naturaleza no les deformó con una joroba, sino que ellos la adoptan. Echan todo lo que pueda caber en sus modernas mochilas y se las cuelgan en la espalda o colocan sobre las barrigas o de lado; igualmente son armas de ataque en el tradicionalmente atestado transporte.
Impunemente se cuelan en los vagones del Metro, van cargado en el Metrobus y a golpes se meten en cualquier rendija de los peseros. En cada movimiento amenazan con llevarse la cabeza de un niño o persona de baja estatura, o asentar un descontón a quien vaya sentado. Nadie está a salvo de los cuasimodos, que finalmente siempre salen impunes de sus ataques.
En el mundo oscuro de los cuasimodos hay estilos y algunos personajes de la urbe resultan bizarros: Los gordos suelen llevar las jorobas más abultadas, seguramente cargan sus abundantes comidas, e incluso suelen ponerse una extra sobre sus abultados vientres.
Los metrosexuales llevan una elegante mochila que no abulta tanto, pues tiene que ir en sintonía por con su figura, pero es sumamente peligrosa ya que –por lo general- es dura y filosa. Los estudiantes suelen ser un subgénero, ya que sus mochilas se mantienen muy cerca del suelo, pero pueden picar o cortar las piernas.
Las mujeres con sus tremendos bolsones forman parte minoritaria de la nueva plaga y básicamente se dan entre el mismo genero en el Metro y Metrobus. En
todo caso ellas hacen rememorar a los más viejos aquel grito de los camiones: Sube señora gorda con canasta y niño.
Nadie sabe que tanto cargan los cuasimodos en su mochilas, pero si se entera que los hay con clase, que usan solo bolsos de marcha original y que abundan los piratas, con muchas copias que dan lastima. En fin, Cuasimodo, quizá el primer anti-héroe de la historia, hubiera estado feliz de saltar al rescate de su amada sin su legendaria joroba, y si viviera hoy tendría que realizar su hazaña arrancando las falsas jorobas en el Metro o Metrobus.
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Ensombrecida Estela de Luz |
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Ensombrecida Estela de Luz
Por: Antonio Ortega
La noche fue ideal, un frio soportable en la Puerta de Los Leones de Chapultepec, el Presidente Felipe Calderón mantuvo en alto el espíritu navideño durante el encendido dela Estela de Luz. Se olvido de los problemas de la nación, auguró un futuro glorioso a una nación atormentada y llamó a la unidad al pie de un monumento de lujo en un país de pobres amenazados por otra crisis.
Seguro que nadie consideró políticamente correcto mencionar que el secretario de Educción, Alonso Lujambio, no ha salido bien librado del desastre de la Estela, a la que la gente comienza a llamarla de la corrupción. Enfermo de cáncer, no apareció en escena, como tampoco el hecho que el costo de la obra fue de más de mil millones de dólares, mucho más de lo presupuestado originalmente.
El acto oficial fue como uno de aquellos que celebraba el todo poderoso y único PRI, y que a su ves recordaban los de las naciones totalitarias, en las que todo era perfecto. Algo como lo que se vio en el funeral del “Querido líder” de Corea del Norte. Esa perfección, que en vivo rompieron algunos inconformes con el derroche, se mantuvo para millones que vieron el acto una y otra vez por televisión, cualesquiera que fuera el canal.
Al puro estilo estalinista, en el que el poder no tiene mancha, la televisión mostro una inauguración de la Estela de Luz fastuosa, con los mandos de la nomenclatura felices, en la cual la luz se hizo con 15 meses de retraso y bajo las pesadas sombras de malos manejos en su construcción, pero sin que nadie se atreviera a decir a los televidentes nada del lado oscuro de la Estela de Luz.
Al igual que casi todos los actos del Bicentenario, la inauguración de la Estela, que por decreto viene a ser como el nuevo centro del nacionalismo, fue fría como la noche invernal. Fastuosa, cierto, pero sin alma. Ojalá y no termine como aquel monigote blanco y sin alma que quiso representar a los héroes de la Independencia y Revolución, arrumbado, como avergonzado de haber sido parte de una fiesta muy ajena a los mexicanos.
Dimensión desconocida
El PAN quizá nunca se imaginó ni deseo celebrar actos de rebelión que se dan, como en la Reforma, contra conservadores de derecha y religiosos, y cuyos representantes de hoy parecen muy cercanos al panismo gobernante.
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